‘Gana Colombia y pierde la muerte’ en acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC, pero no todo el mundo está convencido

0
435

Marcha_en_Colombia_no_mas_FARC_alcortes_flickrFoto: Marcha contra las FARC en 2008. (AlCortes/WWM)

El trato está hecho. La guerra, al menos sobre el papel, ha terminado. Después de más de medio siglo de conflicto, el gobierno colombiano firmó un acuerdo de paz con el grupo rebelde más grande del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – o “las FARC”. “No hay espacio para ganadores o perdedores cuando se alcanza la paz a través de negociaciones. Colombia gana y pierde la muerte”, publicó en su twitter el jefe negociador de las FARC, Rodrigo Granda, después de la firma final del acuerdo de paz el 24 de agosto.

Aunque la mayoría de los colombianos están celebrando, la Iglesia sigue dividida sobre la cuestión, según el World Watch Monitor. La Iglesia urbana es optimista, pero los cristianos en las zonas rurales siguen siendo escépticos acerca de la promesa de paz y reconciliación después de tanto sufrimiento. Hay que recordar que Colombia está en guerra civil desde hace décadas. No va a ser fácil de lograr una paz duradera.

Principalmente después de un conflicto que se cobró la vida de más de un cuarto de 1 millón de personas y creó la mayor población del mundo de desplazados internos – cerca de 7 millones, según un informe de finales de 2015 del ACNUR – ni todos están convencidos.

El acuerdo aún necesita la aprobación oficial de los colombianos, con una votación fijada para 2 de octubre. El ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien dirigió la represión militar de las FARC, es el líder de la oposición. Él llama el actual presidente Juan Manuel Santos, un “traidor”.

¿Lo que significa el acuerdo para los cristianos?

Colombia es la número 46 en la lista mundial de Puertas Abiertas Internacional, que clasifica a 50 países en los que es más difícil vivir como un cristiano activo. Dennis Petri, analista de la agencia, dice que la violencia relacionada con el crimen organizado es el principal factor detrás de la persecución de los cristianos en la región. Y en Colombia, no había mayor exponente de esta búsqueda que las FARC.

Desde su creación en 1964, las FARC han asesinado a pastores, destruido iglesias, extorsionado congregaciones, secuestrado misioneros y líderes de la iglesia; aparte de contratar la fuerza joven de la Iglesia para servir como soldados.

“La violencia en Colombia continuará, a pesar del acuerdo de paz”, dice Petri. “En las zonas donde el gobierno ha perdido el control de la seguridad pública, carteles de la droga y los grupos armados ilegales continúan operando con impunidad.” Esto significa que estos grupos criminales siguen atacando a los cristianos. “Hay que recordar que Colombia está en guerra civil desde hace décadas. No va a ser fácil de lograr una paz duradera”.

“Mi principal preocupación es el alcance del acuerdo: sólo se une a las FARC y el ELN. Otros grupos guerrilleros y paramilitares, así como las bandas criminales en el país continuarán actuando de manera activa. Además, existe la preocupación de que los miembros de la guerrilla no seguirán el acuerdo de paz negociado por sus líderes y continuarán con su negocio muy lucrativo de tráfico de drogas. Esto implica que la presión de ambos grupos guerrilleros en todos aquellos que practican su fe cristiana en las comunidades rurales desde luego no en el corto plazo no cesará”.

El Arzobispo de Tunja y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, también habló de sus preocupaciones.

“Necesitamos una clara señal de que la firma del acuerdo no es sólo un acto simbólico. La guerrilla debe entregar y destruir las armas públicamente”, dijo, según lo informado por la Agencia Fides. “Las personas quieren ver inmediatamente los efectos del acuerdo”.

Liz Poveda, miembro de las puertas abiertas en Colombia, dice que parte del reto es crear conciencia de que la Iglesia en Colombia continúa bajo amenaza de grupos criminales, incluyendo las FARC.

“En Colombia no existe un reconocimiento oficial de la iglesia perseguida”, dijo. “No hay protección estatal para las personas que están en peligro de ejercer su fe, ya que se da para los sindicalistas, políticos y otros. No estamos ni a favor ni en contra del acuerdo; Sólo queremos responder a la necesidad de la Iglesia perseguida. Los hijos de los pastores asesinados, sus mujeres, los desposeídos, y muchos más, ya están viviendo el post-conflicto y pidiendo que su verdad sea oída para que los mártires de la Iglesia cristiana no se borren de la memoria del país”.

Después de la guerra, el trauma:

Incluso si el acuerdo de paz supera las expectativas más altas, las décadas de conflicto nunca se borrarán de la vida de los colombianos.

“El trauma es una condición que se produce durante las situaciones de crisis en nuestras vidas. Nuestro cerebro está diseñado para generar crecimiento, la madurez y el aprendizaje. El trauma es un obstáculo para este proceso natural, y como tal, puede dar lugar a un estancamiento del cerebro”, dijo Tatiana Ramírez, psicóloga experta en trauma de puertas abiertas.

El gobierno no proporciona atención psicológica a las víctimas de los conflictos y las organizaciones benéficas están tratando de cubrir esta brecha. “La gente sufre persecución, profundo aislamiento social, especialmente en un entorno como el nuestro, donde ni el gobierno ni la sociedad están dispuestos a reconocer la existencia de persecución”, dijo Ramírez.

____________
FUENTE: World Watch Monitor⁠⁠⁠⁠

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY