Por Marcel Legarra | EL DA ALIENTO

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“…pero Dios no estaba en el terremoto” 1Reyes 19:11

Una familia, cuya vivienda se incendió, estaba en la acera, cuando alguien dijo “pobres perdieron su hogar”, un niño contestó “se equivoca, perdimos la casa, todavía tenemos hogar”.

Cuando los terremotos de Haití, Chile, etc., el Tsunami del Pacífico, el huracán Katrina que arrasó Nueva Orleans, oí voces que dijeron que era Dios y su castigo.

Me resisto a aceptarlo como regla.

Cuando murió de cáncer la esposa del escritor C. S. Lewis, éste escribió que es peligroso y poco sabio afirmar que toda desgracia es voluntad de Dios.

Los desastres naturales ocurren cíclicamente, las fuerzas de la naturaleza no conocen el bien y el mal, pero respetan leyes naturales que deberíamos conocer más, para abatir daños o prevenir desastres.

En la Biblia, Elías vio el viento huracanado, el terremoto y el fuego, el texto dice que Dios no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en un silbo apacible y delicado, que mandó a Elías volver a su país y restablecer su labor.

hogarDios no explica la tragedia, nos manda a actuar, a reconstruir, a levantar los brazos, los pedazos rotos de hogares, comunidades, ciudades, o de nuestras familias divididas.
Dios es la voz calma, que impulsa a tantos a actuar con generosidad, a arriesgar sus vidas, a donar dinero y tiempo, para ayudar a otros que sufren.

Ante la tragedia, nosotros somos quienes elegimos cómo actuar, pero es esa voz apacible de Dios que nos impulsa a seguir sobreviviendo y a reedificar lo perdido, como el niño que vio su casa quemada pero no su hogar perdido.

Dios no está en el huracán, sino en la voluntad de continuar.

Marcel Legarra (FIAJC/URUGUAY)

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