Por Marcel Legarra | EL SILENCIO

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“Bueno es esperar en silencio la salvación de Dios” Lamentaciones 3:26

silCaminando por una playa desierta de Canelones, sin rumbo, vi sobre un acantilado, una curiosa construcción, subí, y encontré una capilla de madera, entre en ella, sus ventanales miraban hacia una enorme Cruz que estaba fuera, y detrás el mar, se oían apenas el viento, y las olas. En silencio, sentí estar en presencia de Dios, y los pensamientos que me turbaban se diluyeron.

Un momento de silencio, aun breve, es como una “parada santa”.
Al orar hay necesidad de hablar, pero también debe haber silencio, porque le toca a Dios hablar.

Cuando hablo, estoy pendiente de mis inquietudes, no salgo de mí, y así no puede darse un encuentro profundo y puro. En el Silencio, NO somos protagonistas, es Dios quien quiere serlo.

Agitados, inquietos, tenemos tantos argumentos para no perdonar, o no amar tanto, pero en ese “silencio” esto cambia. Silenciosos y pobres, nuestros corazones son conquistados por EL, que nos guía a volver a perdonar y amar.

Acostumbrados al ruido, TV, radio, computadora, celulares, fútbol, entretenimientos, hablar mucho, ocupar todo espacio de tiempo, a la superficialidad, a idolatrar lo novedoso, no dejamos tiempo al silencio,
para “entrar en nosotros mismos”, para redescubrir ese “yo profundo”, ya no sabemos si pensamos o si otros piensan por nosotros, olvidamos qué sentimos, ignoramos qué estamos viviendo.

No cualquiera, sino el silencio, como disposición del espíritu a escuchar a Dios, nos redescubre. Ese silencio tan especial, hace que Dios se haga evidente, aun siendo invisible. Ante las preocupaciones, Jesús sugiere buscad primeramente el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura, ese “silencio” no es otra cosa que la búsqueda del Reino.

Orando guardemos silencio, Dios quiere hablarnos.

Marcel Legarra (FIAJC/URUGUAY)

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