Por Marcel Legarra | GUARDA DE MI HERMANO

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“No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” Gn. 4:9

Cometí un error en un juicio de años, que implicaba volver al comienzo. La única solución estaba en que el Fiscal aceptara una rectificación de ese error. Mis chances eran pocas. El Fiscal del caso, era un temido funcionario, de mala fama, no tenia amigos, no tenia relación con su familia, no apreciaba nada a sus compañeros de trabajo, ni a los abogados. Yo tenia pocas esperanzas, mucho me quejé a Dios, pues había orado por ese juicio y las cosas iban mal.

Cuando me enfrenté al Fiscal, en su despacho, para conversar sobre mi error, para mi absoluta sorpresa, me trató muy amablemente, me dijo que no era nada, fácilmente se corregía, que no me preocupara, y todo se arregló.

amor-al-projimoEn silencio agradecí a Dios, y sentí que debía hablarle del amor de Cristo,  pero no lo hice, temiendo que al poco amigable Fiscal no le gustara y cambiara de opinión. Esa noche se suicidó. El Fiscal que traté, era un hombre absolutamente deprimido y en “despedida” y no me di cuenta. En adelante, mi actitud cambió, hacia la gente que trato regularmente. Le hablo de Cristo o le obsequio alguna literatura cristiana. No podía perdonarme lo ocurrido.

Años después, un recluso de una prisión, me confesó que días atrás, tenía una cuerda en su celda, instalada para colgarse, pero oyó una oración que hice a un  grupo de reclusos que visité, y su decisión cambió a último momento, eligiendo vivir.

Aprendí que SI somos guarda de nuestros hermanos. No debemos seguir durmiendo, nuestra responsabilidad es enorme, porque somos la luz del mundo.

Así alumbre nuestra luz delante de los hombres

Marcel Legarra (FIAJC/Uruguay)

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