Por Marcel Legarra | LO QUE EL VIENTO NO SE LLEVÓ

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“En paz me acostaré…” Salmo 4:8

ventoJulieta tenía 11 años, esa tarde iba en una camioneta  que transportaba escolares, en una esquina se produjo el violento choque donde ella perdió la vida. No la conocí, ni tampoco a sus padres, pero esta noticia me afectó profundamente, también tengo una hija de esa edad y no dejaba de pensar en esos padres y su dolor.

A una amiga, que también envía al colegio a su hijita  por transporte escolar, le pregunté cómo había vivido este triste episodio. Me respondió que en oración, puso el tema en manos de Dios, su conclusión fue que nuestras vidas tienen un propósito, nuestro final Dios ya lo conoce, nada podremos alterar, y lo que ocurra, todo será para nuestro bien, como lo promete en Romanos donde dice  “..a los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien” , no obstante exigirá al transportista que tome todas las medidas de seguridad necesarias para evitar estos males, esa es la parte humana.

Dios no conducía esa camioneta, sino un hombre,  que libremente lo hizo con imprudencia fatal. En nuestros destinos,  hay sufrimiento, por causa de nuestra voluntaria separación de EL.

Un anciano me dijo: “Las bendiciones que recibimos de nuestra unión con Cristo, NO SIEMPRE NOS PARECERAN BUENAS, pero tienen el OBJETO DE HACERNOS MAS PARECIDOS A EL”.

¿Qué más podría desear que parecerme a Jesús? No vivamos con temor. Ningún viento de tragedia nos arrebatará este deseo de ser igual a Cristo, eso no se lo llevará, no lo permitas, porque no quedará ya nada más, por tanto di como el salmista “En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo tu Señor me haces vivir confiado”.

La tribulación nos vuelve más semejantes a Jesús.

Marcel Legarra (FIAJC/Uruguay)

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